Historias nucleares

En una famosa carta dirigida al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, fechada el 2 de agosto de 1939, Albert Einstein advertía sobre el potencial energético del uranio y sus posibles implicaciones estratégicas. En ella señalaba: “Algunos trabajos recientes de E. Fermi y L. Szilard, que me han sido comunicados en forma de manuscrito, me llevan a esperar que el elemento uranio pueda convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro próximo. Ciertos aspectos de la situación surgida parecen exigir vigilancia y, de ser necesario, una rápida intervención por parte de la Administración”. Estas observaciones se relacionaban con el descubrimiento de la fisión nuclear del uranio, realizado por los químicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann en diciembre de 1938, resultados que fueron posteriormente interpretados por los físicos Lise Meitner y Otto Frisch”.

El objetivo de la carta era alertar al Gobierno de Estados Unidos sobre la posibilidad de que Alemania desarrollara una bomba atómica. Esta preocupación, sobre todo, se reflejaba en el párrafo final, en el que Einstein afirmaba: “Tengo entendido que Alemania ha suspendido la venta de uranio procedente de las minas checoslovacas de las que se ha apoderado. El hecho de que haya adoptado medidas tan tempranas podría explicarse tal vez por la circunstancia de que el hijo del subsecretario de Estado alemán, von Weizsacker, trabaja en el Instituto Kaiser-Wilhelm, donde actualmente se están reproduciendo algunos de los experimentos estadounidenses sobre el uranio”.

La cuestión de cuán cerca estuvo Alemania de desarrollar una bomba nuclear ha sido motivo de controversia. Tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, Albert Einstein habría manifestado su arrepentimiento por haber firmado la carta dirigida al presidente Roosevelt, la cual habría contribuido a impulsar las iniciativas para desarrollar la bomba atómica estadounidense. Este arrepentimiento estaba relacionado con la percepción de que la Alemania nazi no había estado realmente cerca de desarrollar un arma nuclear.

El último gran ensayo del programa nuclear alemán durante el régimen nazi, conocido como experimento B8, estuvo bajo la dirección científica de Werner Heisenberg, una de las principales figuras del programa nuclear alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El experimento se llevó a cabo en los últimos meses del conflicto y no tenía como propósito desarrollar un arma nuclear sino lograr una reacción nuclear en cadena autosostenida, sin haber tenido éxito. En un artículo publicado en la revista “Nature” en agosto de 1947, Heisenberg atribuyó este resultado a una escasez relativamente pequeña de uranio.

El uranio es un elemento fundamental para la producción de energía nuclear. Aunque se encuentra de forma natural en la corteza terrestre, su utilización como combustible en un reactor nuclear o en un arma atómica requiere determinados procesos de preparación y, según el uso previsto, de enriquecimiento o transformación nuclear. Durante la Segunda Guerra Mundial, la carrera por desarrollar tecnología nuclear exigió no solo el suministro de uranio y de otras materias primas, sino también una infraestructura industrial altamente especializada para procesarlas. En este ámbito, Estados Unidos logró una ventaja considerable frente a la Alemania nazi. Esta diferencia quedó de manifiesto el 2 de diciembre de 1942, cuando Enrico Fermi y su equipo consiguieron la primera reacción nuclear en cadena autosostenida y controlada en la Universidad de Chicago. Alemania, por su parte, no logró alcanzar este objetivo en sus experimentos posteriores, incluido el realizado por Werner Heisenberg y su equipo en 1945.

¿Estuvo el régimen nazi cerca de desarrollar una reacción nuclear en cadena autosostenida, y solamente hicieron falta cantidades marginales de uranio como afirmó Heisenberg en su artículo? Este no habría sido el caso, de acuerdo a un estudio publicado el pasado 29 de septiembre en la revista “PNAS Nexus”, elaborado por un equipo de investigadores encabezado por Patrick Park, de la Universidad de Columbia, en Nueva York.

En dicho artículo, Patrick y colaboradores desarrollan un modelo para el B8 y llegan a la conclusión de que, para lograr una reacción en cadena autosostenida, Heisenberg habría necesitado más del doble de uranio y de agua pesada –necesaria, esta última, por el diseño del reactor B8–, en comparación con las disponibles para el experimento. De este modo, llegan a la conclusión de que el régimen nazi estuvo lejos de desarrollar un reactor nuclear, ya no digamos un arma nuclear.

Tanto Estados Unidos como Alemania impulsaron sus investigaciones nucleares en un contexto de incertidumbre y temor a que el adversario lograra desarrollar primero un arma atómica. Sin embargo, la evolución de ambos programas fue muy distinta. Mientras que Estados Unidos movilizó recursos científicos, económicos e industriales a una escala sin precedentes mediante el Proyecto Manhattan, el programa alemán no consiguió superar los obstáculos científicos, técnicos y materiales necesarios para alcanzar una reacción nuclear en cadena autosostenida. A pesar de que buena parte de los conocimientos científicos que hicieron posible la era nuclear se había desarrollado en Europa, incluida Alemania.

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