Con relación a la misión, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, afirma lo siguiente,: “Artemis II será un paso monumental para los vuelos espaciales tripulados. Esta misión histórica enviará a seres humanos más lejos de la Tierra que nunca y nos brindará los conocimientos necesarios para regresar a la Luna, todo con Estados Unidos a la cabeza. Artemis II representa el progreso hacia el establecimiento de una presencia lunar duradera y el envío de estadounidenses a Marte. No podría estar más impresionado con nuestro equipo de la NASA y la tripulación de Artemis II, y les deseo lo mejor. Con paso firme hacia el futuro”.
En los años por venir es muy probable que los norteamericanos regresen a la Luna, como espera la NASA. El envío de una misión tripulada a Marte, en contraste, se antoja más difícil, pues Marte está considerablemente más alejado de la Tierra que la Luna, y si el viaje de la Tierra a la Luna se hace en unos pocos días, llegar hasta Marte requiere de unos ocho meses.
Aún más, asumiendo que los viajeros logren llegar a la superficie de Marte, tendrán que arreglárselas para sobrevivir en las duras condiciones marcianas: temperaturas ambientales que pueden alcanzar los menos noventa grados centígrados, una atmósfera muy tenue e irrespirable de dióxido de carbono, y el bombardeo de radiaciones de alta energía provenientes del espacio. Con respecto a esto último, habría que recordar que en la Tierra estamos protegidos de dichas radiaciones por el campo magnético del planeta, y que Marte no cuenta con un campo magnético y por tanto está expuesto a dichas radiaciones.
Por lo demás, más allá de los planes para explorar Marte con misiones tripuladas, hay quienes contemplan su futura colonización. En este sentido, Shiva Khoshtinat, del Politécnico de Milán escribe el pasado mes de diciembre en el magazín “Frontiers”: “Desde los primeros pasos de la humanidad en la Luna, la aspiración a extender la civilización humana más allá de la Tierra ha sido un objetivo central de las agencias espaciales internacionales, dirigida a la habitación extraterrestre a largo plazo. Entre los cuerpos celestes a nuestro alcance, Marte es considerado nuestro próximo hogar. El Planeta Rojo, con sus paisajes crudos y sus tentadoras similitudes con la Tierra, resplandece como la frontera de la exploración y el asentamiento humano”.
La colonización de Marte en comparación con su exploración multiplica los problemas de supervivencia. En particular, la construcción del hábitat cerrado en el que tendrían que vivir los colonizadores presenta grandes desafíos, pues llevar los materiales de construcción desde la Tierra es impensable por sus altos costos –a manera de ilustración, según la NASA, llevar un kilogramo de peso desde la Tierra hasta la Luna tiene un costo de hasta 40,000 dólares. Así, lo única opción para los colonizadores es obtener los materiales de construcción en Marte.
En un artículo aparecido el pasado mes de diciembre en la revista “Frontiers in Microbiology”, publicado por un grupo internacional de investigadores, encabezado por Shiva Khoshtinat, se explora la posibilidad de obtener materiales de construcción empleando como materia prima el suelo –regolito– marciano, y la acción combinada de dos bacterias terrestres que se sabe sobreviven en medios hostiles. Es decir, los investigadores consideran la posibilidad de emplear procesos de biomineralización –la obtención de minerales por microorganismos como resultado del metabolismo de los microorganismos, como es el caso de los minerales que forman el esqueleto de los animales vertebrados– para hacerse de biocementos análogos a los cementos empleados en la Tierra.
Para la construcción de estructuras en Marte, Khoshtinat y colaboradores consideran la impresión en 3D por medio de robots controlados en forma remota: “En Marte, la impresión 3D que utiliza regolito marciano como materia prima puede reducir significativamente los costos y la complejidad de la misión. La impresión 3D, permite una construcción precisa, automatizada y eficiente en cuanto a recursos. Su modularidad y escalabilidad permiten que la infraestructura crezca con las necesidades de la misión”.
Como lo mencionan Khoshtinat y colaboradores, dado el estado temprano de investigación sobre la fabricación de biocementos en Marte, quedan muchas preguntas por contestar. Una de ellas se refiere a la posibilidad de que las bacterias puedan sobrevivir a las duras condiciones de Marte.
Por lo demás, no habrá muchos que quisieran mudarse a un mundo tan hostil. Si bien nunca faltará un roto para un descosido.

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