Un mundo raro

En su novela de ciencia ficción, “La máquina del tiempo”, publicada en 1895, el escritor británico H. G. Wells relata el viaje al futuro del protagonista, a bordo de una máquina de la cual no da mayores detalles. En algún momento, después de viajar millones de años hacia el futuro, el protagonista, identificado solamente como “Viajero a través del Tiempo”, encontró que: “La máquina se había parado sobre una playa en pendiente. El mar se extendía hacia el sudeste, levantándose claro y brillante sobre el cielo pálido. No había allí ni rompientes ni olas, pues no soplaba ni una ráfaga de viento. Sólo una ligera y oleosa ondulación mostraba que el mar eterno aún se agitaba y vivía”.

No obstante, la situación del protagonista, era solo tranquila en apariencia, y como relata H.G. Wells: “Muy lejos, en lo alto de la desolada pendiente, oí un áspero grito y vi una cosa parecida a una inmensa mariposa blanca inclinarse revoloteando por el cielo y, dando vueltas, desaparecer sobre unas lomas bajas. Su chillido era tan lúgubre, que me estremecí, asentándome con más firmeza en la máquina. Mirando nuevamente a mi alrededor vi que, muy cerca, lo que había tomado por una rojiza masa de rocas se movía lentamente hacia mí. Percibí entonces que la cosa era en realidad un ser monstruoso parecido a un cangrejo”.

Si bien “La máquina del tiempo” es una novela de ficción y, por supuesto, no es posible viajar en el tiempo, un artículo aparecido esta semana en la revista “Science Advances” nos proporciona un sustituto, aunque modesto. Para ser precisos, nos proporciona información científica que nos permite echar un vistazo a nuestro planeta hace 400 millones de años, cuando la tierra firme empezó a poblarse con plantas y animales que emergían del mar. En esa época, asombrosamente remota, la Tierra constituía un mundo extraño, radicalmente diferente del que conocemos hoy en día. El artículo fue publicado por un grupo de investigadores encabezados por Corentin Loron, de la Universidad de Edimburgo, Escocia.

En su artículo, Loron y colaboradores presentan un estudio llevado a cabo con un fósil de Prototaxite, descubierto en el yacimiento Rhynie Chert, localizado en el norte de Escocia. Los prototaxites eran organismos gigantes que vivieron hace unos 400 millones de años. Tenían un aspecto de postes telefónicos con alturas de hasta 8 metros y troncos de hasta 1 metro de ancho, lo que los hacia destacar ampliamente con respecto a otros organismos a su alrededor.

Los Prototaxites fueron primeramente estudiados por el paleontólogo canadiense John William Dawson en la década de 1850, quien erróneamente los clasifico como coníferas. Más recientemente, los Prototaxites han sido clasificados como un género de hongo. En su artículo, sin embargo, Loron y colaboradores concluyen que los Prototaxites no pueden ser clasificados en el domino de los hongos, sino que constituyen una forma de vida completamente diferente y desconocida hasta ahora: “Concluimos que los fósiles de Prototaxites del yacimiento de Rhynie, de 407 millones de años de antigüedad, eran químicamente distintos de los hongos contemporáneos y estructuralmente distintos de todos los hongos conocidos. Este hallazgo pone en duda la afinidad fúngica de Prototaxites, sugiriendo que este enigmático organismo se asigna mejor a un linaje eucariota completamente extinto”.

Si con una máquina del tiempo viajáramos 400 millones de años hacia el pasado, nos encontraríamos con campos sembrados de prototaxites, organismos gigantes con el aspecto de postes telefónicos de 8 metros de alto y un metro de ancho. Nos encontramos así en un mundo raro, poblado de formas de vida extinta, muy diferente del mundo al que estamos acostumbrados, poblado de árboles con ramas y hojas. Ciertamente, no podemos viajar en el tiempo, pero al menos, con ayuda de la investigación científica, podemos imaginar el pasado remoto de nuestro planeta.

Comentarios