La autorización para que The Metal Company pudiera llevar a cabo sus pruebas de extracción de minerales provino de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, la cual resultó muy controvertida, por la incertidumbre de las consecuencias ambientales que podría acarrear la minería submarina; en la perspectiva de que las pruebas del Hidden Gem constituyeran el preámbulo de la explotación comercial de los minerales en el fondo del océano como aparentemente lo fue. Y, en efecto, como lo comenta el diario New York Times en un artículo aparecido el pasado 3 de junio: “Pruebas como estas han adquirido mayor importancia este año, ya que Estados Unidos está haciendo lo que ningún otro país ha hecho. Se espera que la administración Trump emita pronto los primeros permisos comerciales del mundo para actividades mineras en aguas internacionales, esas áreas del océano que ningún país puede reclamar.”
Se sabe que, a nivel global, las reservas submarinas de metales como el manganeso, el cobalto y el níquel, superan ampliamente a las reservas terrestres, y dentro de las primeras, las reservas de la Zona Clarión-Clippertone son con mucho las más importantes. El interés minero en esta zona se centra en los llamados “nódulos polimetálicos”, que son piedras del tamaño de una papa, ricas en metales valiosos, como el manganeso, el cobalto, el níquel y el cobre. Dichos nódulos se formaron lentamente a lo largo de millones de años en el fondo del océano por la agregación de minerales disueltos, partiendo de un cierto núcleo, como una roca, o un trozo de concha marina.
Por otro lado, a pesar de las enormes reservas submarinas de metales valiosos, incluyendo reservas de tierras raras, la minería submarina tiene sus bemoles. Al respecto, menciona el New York Times: “Pero la minería en el lecho marino no solo es tecnológicamente compleja, también es cara. Y los ambientalistas dicen que se necesita mucha más investigación antes de iniciar la actividad industrial en el fondo del mar. Estados Unidos sigue adelante a pesar de la oposición de otros países, que han pasado décadas intentando, sin éxito, ponerse de acuerdo sobre normas globales para la minería en aguas internacionales. El plan estadounidense para acelerar la minería, podría motivar a otras naciones a abandonar el statu quo internacional, dicen los expertos, para no quedarse atrás en la carrera hacia el fondo del océano.”
Los ambientalistas están preocupados por las repercusiones que la minería submarina pudiera tener para la vida marina. Greenpeace, por ejemplo, afirma: “Las actividades de minería submarina provocarán contaminación acústica y lumínica, además de remover directamente el hábitat y organismos del fondo marino. Los organismos de las profundidades marinas son frágiles y de crecimiento muy lento y, por lo tanto, es mucho menos probable que se recuperen de las perturbaciones ocasionadas por esta industria. Al impactar en los procesos naturales que almacenan carbono, la minería submarina podría incluso empeorar el cambio climático al liberar carbono almacenado en sedimentos de aguas profundas o interrumpir estos procesos de almacenamiento de carbono. Además, los fondos marinos siguen sin explorarse lo suficiente, por lo que iniciar actividades mineras en ese ecosistema significa poner en riesgo de extinción a especies marinas que aún no conocemos”.
A 4,000 metros de profundidad la presión del agua es de 400 atmósferas. Así, no es difícil entender que son considerables las dificultades para diseñar y mantener funcionando la maquinaria necesaria para extraer y hacer subir a la superficie de manera continua los materiales minados; y, además, hacerlo con el suficiente cuidado para no afectar ni a la vida marina ni al entorno ambiental. En esas condiciones, cabe preguntarse: ¿qué tan viable es la minería submarina y a qué plazo?
Preguntamos a ChatGPT y esto nos contestó: “La minería submarina podría convertirse en un negocio rentable si los metales críticos mantienen precios elevados durante décadas. Sin embargo, actualmente muchos analistas la consideran una apuesta de alto riesgo: el potencial de ingresos es grande, pero la incertidumbre tecnológica, ambiental y regulatoria sigue siendo considerable.”
Y en cuanto a nosotros, dado que estaríamos demasiado cerca de donde se llevaría a cabo buena parte de la minería en el fondo del mar, quizá debamos cruzar los dedos esperando que nunca se haga realidad.

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