¿Recurso temporal?

Con el éxito de la misión Artemis II, la NASA avanzó en sus planes para establecer una estación permanente en la superficie de la Luna. En el evento “Ignition” del pasado 24 de marzo, la NASA hizo públicos sus planes para reactivar su programa de exploración lunar: “La NASA tiene el compromiso de lograr, una vez más, lo casi imposible: regresar a la Luna antes de que finalice el mandato del presidente Trump, construir una base lunar, establecer una presencia permanente y llevar a cabo las demás acciones necesarias para garantizar el liderazgo estadounidense en el espacio. Por ello, resulta esencial que salgamos de un evento como Ignition con una total alineación en torno colocar a dos astronautas en la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969. Este éxito fue resultado del compromiso que hizo el presidente Kennedy en mayo de 1961 de llevar un hombre a la superficie de la Luna y traerlo de regreso a la Tierra, antes de finalizar la década de los años 60. El proyecto Apollo se llevó a cabo a un costo exorbitante, que en su punto máximo alcanzo el 2 por ciento de PIB estadounidense. Después de varios alunizajes exitosos, sin embargo, los viajes a la Luna se suspendieron con la misión Apollo 17, en diciembre de 1972.

El programa Apollo se llevó a cabo en el marco de la Guerra Fría, que enfrentó a los Estados Unidos con la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial. En los primeros años de la carrera espacial, la Unión soviética superó ampliamente a los Estados Unidos. No obstante, con el descomunal esfuerzo del proyecto Apollo y de otros programas de la NASA la situación se revirtió. La iniciativa Ingnition se da en el marco de una nueva carrera espacial, esta vez entre los Estados Unidos y China, que tiene también un activo programa de exploración lunar.

La iniciativa Ignition tiene como objetivo establecer un asentamiento permanente en el polo sur de la Luna, mediante un programa de tres fases. En la fase 1, que la NASA resume como: “Construir, probar y aprender” la agencia espacial planea iniciar la construcción del asentamiento lunar, enviando a la superficie de la Luna, vehículos exploradores, generadores de energía, sistemas de comunicaciones, e instrumentos para investigaciones científicas. En la fase 2, la NASA pretende establecer la infraestructura de un asentamiento semi-habitable y las operaciones recurrentes de astronautas en la superficie luna. Finalmente, en la fase 3, que la NASA resume como; “Facilitar la presencia humana a largo plazo”, se crearán las condiciones para un asentamiento humano permanente en la Luna.

De acuerdo con dicha agencia espacial, las fases 1, 2 y 3, se completarán en 2028, 2033 y 2036, de manera respectiva. Estas fechas, no obstante, dependerán del desarrollo de los diversos proyectos tecnológicos que componen la iniciativa, así como de la asignación de los fondos necesarios. En este sentido, y a manera de ejemplo, el desarrollo de la nave de alunizaje Starship, que llevará a los astronautas desde una órbita lunar hasta la superficie de la Luna, aún no ha podido ser completado.

Por otro lado, la NASA está ya pensando en la extensión de la iniciativa lunar a la exploración de Marte, y en este sentido escribe en su documento Moon Base: “La base lunar permitirá a la NASA desarrollar, probar y demostrar las tecnologías, capacidades, sistemas y paradigmas operativos necesarios para futuras misiones tripuladas a Marte. Además, una presencia continua en la superficie lunar proporcionará a los expertos los datos necesarios para comprender el impacto de las estancias espaciales prolongadas”. Así, la NASA piensa de la estación lunar como un paso intermedio para un eventual viaje a Marte.

Sin embargo, el camino a Marte no es solamente más largo que el camino a la Luna –llegar a Marte toma de 6 a 9 meses, en comparación con los 3 días que toma llegar a la Luna– sino que es considerablemente más peligroso, por la exposición de la tripulación a la ingravidez y a los rayos cósmicos durante el viaje, entre otros riesgos. Una vez allá, la tripulación tendría que fabricar el combustible de la nave para su regreso a la Tierra, pues sería impráctico que partiera de nuestro planeta con todo el combustible necesario para el viaje de ida y vuelta.

De este modo, si el establecimiento de una base lunar se contempla, en el mejor de los casos, en un horizonte temporal de diez años, un eventual viaje a Marte tomaría décadas en llevarse a cabo. Los planes sobre un posible viaje tripulado a Marte a realizarse en un corto plazo, que se anuncian en la prensa de cuando en vez, son entonces solo ficción.

Nos queda, no obstante, el recurso de la ciencia ficción. Y, en este sentido, el libro de cuentos cortos Crónicas Marcianas, del escritor estadounidense Ray Bradbury, es difícil de superar y altamente recomendable para aquellos fanáticos de los viajes a Marte.

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